La segunda sesión de las Tertulias Garrapiñadas se celebró fuera del horario marcado, con motivo de la fiesta del 1º de Mayo. Con el fin de no perder la sesión, esta se cambió para el día 2 de mayo, y asistieron 9 personas: Amelia, Celia, Angelines, Pilar, Milita, Constancia, Ana, Tasina y Librada.
Así nos cuentan en esta ocasión Tasina y Pilar el desarrollo de la sesión:
"¿Qué recuerdos tenemos positivos de Villafrechós?:
Las tertulias entre los vecinos y la unión que había entre la gente.
En el mes de Mayo, en el Rosario, se ofrecían versos a la Virgen.
Los juegos que se hacían: saltar a la comba, los alfileres, las tabas, el escondite, los tres navíos...
En la época de la vendimia se iba en familia y se pasaba muy bien y se regresaba cantando canciones populares.
Cuando se hacía la matanza se reunían vecinos y se ayudaban unos a otros.
Pilar y Tasina"
La sesión comenzó con la presentación de las personas que no habían asistido a la primera sesión de las Tertulias Garrapiñadas. Posteriormente, se hizo un recordatorio de lo trabajado en esa primera sesión, esencialmente la presentación ¿Quiénes somos?
La principal actividad del día consistió en hacer tres grupos de trabajo, de tres personas cada uno, donde se recopilaron todos aquellos aspectos positivos que recordaban las participantes sobre sus vivencias en Villafrechós, durante su infancia y juventud. El objetivo de la sesión era hacer un recordatorio en positivo del pasado de Villafrechós desde las vivencias de las participantes.
La vida social y el concepto de solidaridad eran los aspectos mejor recordados, acaso con más cariño por parte de las participantes. Una mayor empatía con los demás y el concepto de vecindad, ahora casi perdido, el valor de la vida comunitaria, junto a la comunicación personal, son aspectos también muy recordados como positivos. La "solana", las tertulias inacabables en las noches de verano a las puertas de las casas, los juegos colectivos entre niños o niñas,...
También destacaron las labores agrícolas o ganaderas asociadas a la subsistencia familiar, en las que los niños y niñas colaboraban en función de sus posibilidades, con un recuerdo agradable de la vendimia, la matanza, hacer el queso (y beberse el suero a escondidas, las más osadas) o el esquileo.
También se citó la contradicción que podría suponer para una niña de la época, las chocolatadas que se ofrecían tras las largas noches de duelo y velatorio. Acaso se trataba de recuperar fuerzas tras una noche en vela, porque la vida seguía con sus esfuerzos por salir adelante...
En definitiva: humanidad, cariño y comprensión como antídoto a las necesidades propias de otros tiempos, de una vida menos confortable y con más carencias materiales.
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