viernes, 21 de junio de 2013

Visita guiada con el Colegio por Villafrechós

En el marco de las actividades denominadas "Años de Oportunidad" dentro del Programa de Envejecimiento  Activo de la Diputación Provincial de Valladolid, se ha celebrado en Villafrechós, como ya informamos en este Blog, el Taller de Artesanía, Música y Tradiciones, durante los meses de mayo y junio. Orientado por la monitora Marian Acebes Palenzuela, y bajo la coordinación de la Diputación de Valladolid, en la figura del T.A.S. de la zona, Ambrosio Marciel, y el Ayuntamiento de Villafrechós, se ha desarrollado esta actividad que como broche final, ha tenido una actividad intergeneracional con la participación de las personas participantes en el Taller y todos los niños del Colegio Público de Villafechós, gracias también a la implicación de las maestras Paqui y Eva.

El grupo ha trabajado en diferentes sesiones sobre los aspectos culturales, etnográficos y patrimoniales de Villafrechós, junto a la monitora Marian Acebes, hasta configurar un recorrido por el entramado de calles de Villafrechós, que albergan la historia viva con la que ha convivido la actual generación de ciudadanos adultos nacidos en los tres primeros cuartos del s.XX. Con el fin de transmitir, in situ, en los escenarios reales de los acontecimientos etnográficos y culturales del último siglo que han dado personalidad a Villafrechós, las personas mayores hicieron de guías, de momento por un día, ante los niños de la escuela pública, que escucharon y participaron en la actividad.
La visita empezaba en la Plaza Mayor, donde en su momento hubo soportales y el Ayuntamiento, en el cuál estaban las escuelas. En 1915 había unos 100 niños (actualmente 27) y un solo maestro. En dos casas de la plaza se hacían las afamadas almendras garrapiñadas de Villafrechós. Una plaza marcada por el número 8, porque en ese número hubo un casino y una tienda de ultramarinos. El día 8 de septiembre era el escenario de multitudinarios bailes, en los que se ponía también una noria, y los churreros montaban sus puestos. Para cerrar la importancia social de la plaza, explicada muy bien por Celia y Aurelia (foto 1), se indicó que en sus soportales había tertulias tras la misa.

En la calle de la Victoria, Tansi (foto 2) nos explicó que la casa del cura ocupaba dos números, el 7 y el 9. El número 9 también ha sido el antiguo estanco, que explotaba un jubilado de la guerra civil. Se explicó que los estancos se concedían a las personas viudas o heridas en la Guerra. Por último se explicó también que hubo una bodega frente al número 9.

Llegando a la calle del Polvo, Goyita tomó los mandos de la explicación (foto 3) y explicó que el origen del nombre de la calle, muy larga ella, se debe a que era una calle de paso para muchos carros los que originaba mucho barro en invierno y polvo en verano. También se explicó el "robo" de la casa de Tiburcio, hace 140 años. A mitad de la calle, una guardería, que regentaban un matrimonio sin hijos
Gregoria explicó los acontecimientos de la calle Coraza, donde hubo una escuela de párvulos, en la que se enseñaba a contar hasta 10, y los niños tenían que llevar sus sillas desde casa, lo que genero la sorpresa de los chavales actuales.
De la c/ Coraza bajamos hasta la c/ Santa María, un lugar emplemático que explicó Amalia, precisamente un lugar donde hubo una iglesia, y que también era el mentidero donde se reunían las mujeres a coser en un rincón. Allí vivía también el hojalatero, donde se llevaban a arreglar los cacharros e instrumentos de cocina mayormente. En el nº 13 de la calle, el señor Carrucho tocaba la gramola, y se montaba rápido el baile en la misma calle, cuando el tiempo lo permitía.


En las dos fotos superiores vemos a Ana María, explicando la calle Alfonso XIII, otra calle emblemática e importante para la vida pública de Villafrechós. En el número 6 destacó la tienda de comestibles, desde donde se dice que se llevaban las monedas en un carretillo, los días de buena recaudación, hasta su casa, para guardarlas. No era necesario ningún furgón blindado... En el número 10 hubo la casa del taxista, que hacías las rutas, especialmente a Medina de Rioseco y Valladolid, que en muchos casos, para amortizar los viajes, en hacinamiento y en escasas condiciones de seguridad vial, metiéndose una cantidad de personas en el coche, impensables ahora mismo. Ahí mismo estaba la estafeta de correos. En la acera de los pares, en el 20, hubo una cantina, con la singular historia de la hija del dueño, una niña ciega que llevaba a cantar a la cantina, para deleite de la clientela. En la acera de los impares, el número 5 también tiene su historia, porque llegó a ser pescadería, cantina, panadería y fragua. También había un pasadizo subterráneo que comunicaba con el baluarte.
Victoria nos contó que las Escuelas se crearon en 1935 (durante la II República) donde estuvo en primer lugar una iglesia, la de San Pelayo, y posteriormente un castillo, el cuál tenía un baluarte con calabozos, que en épocas más recientes han servido de bodegas, e incluso para explotación hostelera de altos vuelos que finalmente no ha sido viable, ya en el s.XXI. También nos contó Victoria su historia personal más destacada vinculada a esta calle, cuando la vaca la cogió en el encierro, confiada ella de que no entraría al patio de las escuelas en el encierro, y la llevó en volandas durante un trecho entre la cornamenta y la testa, sin sufrir apenas daños para lo aparatoso del momento. Afortunadamente los mozos estuvieron al quite y el animal no causó daños personales.
Si hay un lugar emblemático en Villafrechós, ese es el Convento de Santa Clara (s.XV), del cuál nos dio unas pinceladas Angelines. Ahora mismo hay 5 monjas, de las cuáles, 3 son de Villafrechós, todas ellas en edad avanzada. Por supuesto, sólo se puede entrar a la iglesia, donde hay misa que aún frecuentan los feligreses, que reparten en entre la iglesia parroquial y el convento, casi a misa diaria. Anexa al Convento, pero formando parte de la estructura del mismo, está la casa de la demandadera, que era la sra. Raimunda, y era la encargada de hacer los trabajos y recados para las monjas fuera del convento. Por supuesto, si el día de la boda, no se quería el marco de un día lluvioso, había que llevar huevos a las Claras, para que se cumpliera el deseo de un día resplandeciente y soleado. Se cuenta también respecto al convento, que del mismo sale un túnel con 12 kilómetros de longitud, hasta otro convento en Castroverde de Campos (Zamora).

La calle 8 de septiembre, debe su nombre al día en el que se festeja la patrona de Villafrechós, que es la Virgen de Cabo, a la cual los fructuosos (gentilicio de Villafrechós) tienen mucha fe. El grupo de mayores cantó el himno a la Virgen, mientras los más pequeños escuchaban sentados de espaldas a la Casa de los Osuna, una casona terracampina, a la que se atribuye, una estancia puntual de la Reina Isabel la Católica.
En el Corro de San Juan, junto a la puerta de la parroquia de San Cristóbal, aprovechamos para hacernos una simpática foto de grupo. Por supuesto, hubo explicación, por parte de Pilar, porque además de congregar a los parroquianos en el nº1 se ubicaba la "central telefónica", o lo que es lo mismo al teléfono público. En la entrada de la iglesia, en el espacio que llamaban "la cúpula", los niños hacían teatro, y luego pedían dinero para comprarse dulces y golosinas.
En la calle Solana, Dioni nos contó que a su espalda estaba la laguna, que era otro punto de encuentro, al ser donde se lavaba la ropa. En el invierno crudo con las heladas, los niños patinaban sobre la superficie helada, y se montaban en las artesas. También, durante el tiempo más benigno se montaban las tertulias al sol. Y la madrugada del 23 al 24 de junio, las hogueras de San Juan.
Tasina nos llevó la crónica de la calle León, donde vivió un cestero, y sus hijas fueron ermitañas. También hubo una modista.
En la pescadería de la misma calle, llegaba el pescado, que se iba a recoger a Villamuriel de Campos en bicicleta, 6 kms de ida y otros tantos de vuelta, donde llegaba a la estación del Tren Burra, tras su traqueteo cansino desde Valladolid a Tierra de Campos, cruzando los páramos de los Montes Torozos. Lo que no sabemos es en qué condiciones llegaría el pescado...
Para acabar la mañana, Yaya (Eladia), casi nonagenaria, cerró la visita guiada en la calle de las Ventanas, donde en la esquina está la emblemática casa de las ventanas, y en el número 8, la figura del capador.

Muchas gracias a todas las personas que han posibilitado el desarrollo de esta actividad.

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